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Poco a poco vamos despidiendo las buenas temperaturas. El otoño trae consigo nuevos colores a los bosques y a los armarios. De la ropa holgada y fresca del verano vamos pasando a los abrigados chaquetones. A su vez, el acortamiento de los días, la lluvia y el frío hacen que los planes en el exterior se reduzcan y, por lo tanto, haya que buscar el entretenimiento en el calor de nuestros hogares.

Todos conocemos estupendas plataformas de contenido digital donde podemos ver películas y series. Los videojuegos cada vez tienen más presencia y variedad así que no hace falta ni nombrarlos. Están ahí. Ambas opciones pueden ser de lo más adecuadas, no debemos caer en el cliché de despreciar cualquier forma de entretenimiento digital o que no tenga una intención didáctica.

 

Nosotros, en cambio, queremos hablaros hoy de una forma de ocio algo más tradicional. Los puzzles, que por cierto, en castellano se escribiría puzles, pero incluso después de consultarlo resulta raro leerlo así, por lo que utilizaremos el anglicismo puzzles.

Estos rompecabezas, al igual que pasó con los libros pop-up, tienen su origen en la pedagogía. Fue el geógrafo John Spilsbury quien fabricó el primero. Al hacer un mapa de Europa, decidió serrar a mano los bordes de los países que la formaban para que los niños los unieran y aprendieran así geografía.

Fotografía del primer puzzle.

Estos juguetes se llamarón disecciones y poco a poco fueron abarcando otros campos como las matemáticas o la teología. Más adelante, su nombre pasó a ser “Whatami”, del inglés “What am i?”, ¿Qué soy? Y se presentaba como un juego en el que, al completarse, se desvelaba la imagen. Al contrario de lo que estamos acostumbrados, los primeros puzzles no tenían una imagen de guía.

Pero al fabricarse de madera, los precios se elevaban y solo podían adquirirlos las clases altas. Además, su fabricación era a mano, lo cual encarecía mucho su valor. Con la llegada del cartón fue cuando los precios de producción bajaron y algunas marcas los utilizaron como reclamo para sus productos, consiguiendo así que se convirtieran en una opción de ocio perfecto para las clases trabajadoras que no podían permitirse, por ejemplo, ir al teatro.

Es también con la llegada del cartón cuando las piezas de los puzzles empiezan a tener las formas características que hoy conocemos. Gracias a ellas, el puzzle no se desarma al mínimo golpe, algo que cualquier persona que haya montado uno agradecerá.

Si hablamos de mindfulness, de la meditación o del descanso activo no podemos dejar de hablar de los puzzles. Al igual que cuando pintamos mándalas, construimos legos o cualquier otra actividad que requiera que nos concentremos y fijemos toda nuestra atención en algo, montando un puzzle conseguiremos descansar nuestra mente de todas las preocupaciones y las prisas que normalmente la llenan.

Está más que demostrado que mientras los hacemos nuestro cerebro se ejercita y esto favorece su desarrollo y lo mantiene activo, por lo que no solo es recomendable para niños, si no también para adultos de todas las edades.

Además, como pasa con otros juguetes, los puzzles evolucionan y cada vez encontramos más tipos. Para los más pequeños tenemos puzzles autocorrectivos, en los que solo hay una combinación posible suelen ser de dos o tres piezas, pueden ser de completar la imagen o seriaciones

Otra buena opción para los más pequeños, son los puzzles con texturas o táctiles para despertar los sentidos

Tenemos también puzzles móviles y mágicos, en los que el juego no termina cuando se acaba el puzzle, ya que nos permiten interactuar con él mediante lengüetas, o linternas que nos descubren elementos que no veíamos antes.

Puzzle de madera natural de 8 piezas de la casa cocoletes.

Puzzles con materiales y formas especiales que aumentan su dificultad y facilitan el desarrollo sensorial, puzzles en 3D o puzzles didácticos con fichas que combinan texto e imagen para facilitar el aprendizaje y la concentración, puzzles para colorear y dar rienda suelta a la creatividad etc.

Tanto si buscas iniciarte en este mundo como si ya eres un apasionado de las fichas, puedes encontrar un puzzle que te de horas y horas de entretenimiento y satisfacción al acabarlo.

Y es que, si en algo estamos de acuerdo, es que da igual que seas un niño de 3 años como un adulto de 56. La satisfacción que se siente al colocar esa última pieza que da por finalizada la obra es inigualable.

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